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Aug. 1

Psalm 119:103

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Friday, July 31, 2026 by K-LOVE Pastores

Cuando Recibes un Diagnóstico de Cáncer

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En 2020, después de una dura experiencia de salud con el COVID-19, comencé a tener fuertes dolores de estómago, vómitos y estreñimiento. El dolor se volvía cada día más intenso e insoportable. Mi doctora me dijo que no me preocupara y que no creía que fuera cáncer. Me recetó más antibióticos, pero mi salud siguió deteriorándose rápidamente. En las siguientes ocho semanas, perdí alrededor de 27 kilos y comencé a parecerme a un sobreviviente de un campo de concentración. 

Finalmente, sin la aprobación de mi doctora, busqué a un cirujano que revisó mis estudios y determinó que probablemente se trataba de cáncer, pero que necesitaba una colonoscopía para confirmarlo. Fui al hospital para el procedimiento, y cuando desperté de la anestesia, el médico que realizó el examen me dijo las dos palabras más temidas: “Tienes cáncer”. En ese instante, el miedo me invadió. Tenía un tumor canceroso de más de 30 centímetros en el colon, el cual era la causa de todos mis síntomas. 

Mientras mi mente corría sin descanso, me preguntaba: “¿Y si el cáncer se ha extendido? ¿Cómo le diré esto a mi familia?”. Mi cabeza se llenó de “¿qué pasaría si…?” y una gran ansiedad. Mi padre había fallecido de cáncer de colon que se había metastatizado. Cuando el cáncer se propaga, se llama metástasis: unas pocas células del tumor se desprenden y viajan por el torrente sanguíneo hacia otra parte del cuerpo, donde comienzan a crecer nuevos tumores. 

Tuve una cirugía laparoscópica para remover el tumor, inicié mi recuperación y comencé seis meses de quimioterapia. Esos seis meses fueron muy duros. Los efectos secundarios incluían la pérdida del gusto, hinchazón y enrojecimiento de manos y pies, llagas y ampollas en la boca, e incluso mis dientes comenzaron a quebrarse y caerse. La fatiga y la falta de motivación para levantarme de la cama se convirtieron en una lucha constante. 

Si acabas de recibir un diagnóstico de cáncer, es importante reconocer la amplia gama de emociones que podrías estar sintiendo. Quizás experimentes dolor, enojo, tristeza o miedo. También es común sentir una profunda tristeza o desesperanza que puede llevar al aislamiento o al deseo de desaparecer del mundo por un tiempo. El cáncer no solo afecta el cuerpo; también impacta profundamente la mente y el corazón. Es normal sentirte abrumado, y no estás solo: muchos que atraviesan este proceso sienten lo mismo. 

Al principio, quise aislarme de todo y de todos para concentrarme en encontrar la manera de sanar. Descubrí que los primeros meses después del diagnóstico son extremadamente difíciles en el ámbito emocional. En oración, comencé a entregar mis temores a Dios y poco a poco pude tomar decisiones más claras y sabias sobre mi tratamiento. 

Recomiendo que cualquier decisión médica no se tome solo con el médico o el oncólogo, sino también con la participación de tu familia, tu pastor y tus amigos cercanos. Si tienes hijos mayores, incluirlos en el proceso ayuda a que comprendan la gravedad del diagnóstico, los beneficios del tratamiento y la importancia de su apoyo durante todo el proceso. 

Es fundamental contar con familiares y amigos dispuestos a ayudarte a navegar el sistema de salud y asegurarse de que tus necesidades sean atendidas. Ellos pueden ayudarte a obtener la información necesaria y a crear un ambiente de fe que elimine el temor de los “¿y si…?” que surgen en el camino. 

 

Pasos prácticos 

1. Ora constantemente. 
Anímate a ti mismo a pasar tiempo diario en oración, buscando el consuelo, la sanidad y la guía de Dios. La oración sincera y llena de fe tiene un poderoso impacto en tu salud espiritual y mental, de acuerdo con Santiago 5:16. 

2. Pide apoyo a tus familiares y amigos gentil y amorosamente. 
Habla con tu familia y amigos sobre cómo pueden acompañarte. Ellos pueden ofrecer apoyo tangible y emocional, escucharte con compasión y permitirte expresar tus miedos y emociones sin juicio. Su presencia reflejará el amor y la compasión de Cristo. 

3. Cuida tu cuerpo y tu mente. 
Procura mantener un estilo de vida saludable: una alimentación nutritiva, ejercicio suave (si es posible) y prácticas que reduzcan el estrés, como meditar en la Palabra de Dios y respirar profundamente. 

4. Infórmate. 
Aprende sobre tu diagnóstico y los tratamientos disponibles. Entender el camino que tienes por delante te dará paz y te permitirá tomar decisiones informadas y sabias. 

5. Mantén una actitud positiva. 
Aunque pueda parecer difícil, procura mantener una perspectiva esperanzadora. Descansa en el poder sanador de Dios y en los avances de la ciencia médica confiando en que la restauración y la recuperación son posibles. 

6. Pide ayuda con las necesidades prácticas. 
Durante la recuperación y la quimioterapia, necesitarás apoyo con tareas diarias como preparar comidas, hacer mandados, cuidar a los hijos o asistir a citas médicas. Los actos de servicio de otros pueden aliviar mucho la carga durante el tratamiento. 

7. Crea un ambiente de esperanza. 
Habla palabras de fe y ánimo, recordándote a ti mismo las promesas de Dios. Romanos 15:13 nos afirma que Dios es la fuente de toda esperanza llenándonos de alegría y paz mientras confiamos en El. 

8. Busca comunidad. 
Participa en grupos de apoyo en tu iglesia o con personas que estén atravesando situaciones similares. Compartir experiencias puede brindar comprensión, fortaleza y consuelo mutuo.