Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. – Santiago 1:2-4 NVI
El divorcio es devastador para todos los involucrados y puede tener efectos que duran toda la vida. Lejos de resolver los problemas matrimoniales, el divorcio a menudo crea nuevos problemas y amplifica el conflicto existente. Sin embargo, cuando el divorcio parece inevitable, existe un camino hacia la sanación.
Date tiempo para lamentar. El divorcio es tan devastador como la muerte, y el proceso de duelo es muy similar. La negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación son todas etapas del duelo que puedes experimentar en el divorcio. Permítete enfrentar todas estas etapas y no las evites ni intentes seguir adelante rápidamente.
Encuentra personas en quienes apoyarte. Muchas iglesias ofrecen grupos de apoyo para el cuidado post-divorcio. Si no puedes encontrar un grupo de cuidado, intenta con divorcecare.org
Procesa lo que ha sucedido con un profesional. Toma tiempo para reunirte con tu pastor, un consejero o un terapeuta que te ayude a sanar.
Comienza a reconstruir tu vida un día a la vez. Desarrolla prácticas que fortalezcan y fomenten el proceso hacia tu nueva realidad. Por ejemplo, pon tus finanzas en orden con un presupuesto o un asesor financiero. Recuerda, la reconstrucción económica toma tiempo pero es posible a medida que tomas decisiones sabias. Tomará tiempo, pero estarás en un mejor lugar.
Cuídate. Haz ejercicio. Come como debes. Comienza un nuevo pasatiempo para evitar que tu mente se obsesione con tus problemas. Involúcrate en tu iglesia. Busca consejería individual. Ya sea que tu matrimonio sobreviva o no, necesitas cuidar de ti mismo espiritual, emocional, mental y físicamente.
Pídele al Señor que te ayude a perdonar. Como cristianos, sabemos que Dios nos ha perdonado mucho. También sabemos que Jesús nos manda perdonar setenta veces siete en un día—eso es siempre. Por lo tanto, aunque la separación o los límites sean necesarios, siempre debemos perdonar. La amargura es un pecado que mata, pero el perdón es el camino hacia la sanación.
Pausa y Reflexiona
¿Cuáles han sido algunos de los desafíos más difíciles para ti en el divorcio? ¿Cómo te da esperanza en tu vida diaria saber que Dios puede tomar esta temporada difícil de tu vida y hacer algo bueno con ella?
Haz una lista de personas en las que puedes apoyarte y actividades saludables que te ayuden a recargar tus baterías. Comunícate con las personas de tu lista y programa un tiempo para hablar con ellas. Saca tu calendario y aparta tiempo para ti mismo esta semana para lamentar, procesar y descansar.




