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March 18

Deut 11:22

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Monday, March 16, 2026 by K-LOVE Pastores

Cómo Encontré Gozo en Tiempos Oscuros

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¿Qué pensarías si te dijera que, al mirar atrás a la etapa más oscura de mi vida, también la recuerdo como un tiempo de profundo gozo? 

Mientras la mayoría de mis amigas estaban teniendo bebés, mi esposo y yo enfrentábamos otra pérdida, otro embarazo interrumpido. Sin embargo, en medio de un dolor indescriptible, también encontré una alegría inexplicable que me tomó por sorpresa. 

No fueron mis circunstancias las que me dieron gozo. Nada de eso. Ese gozo vino de otra fuente, de Alguien más. Cuando experimenté el amargo dolor de la muerte —dos veces, y en mi propio cuerpo— llegué a ser muy consciente de la fragilidad de la vida. Comprendí cuán breve y, a veces, cuán dura puede ser nuestra existencia en esta tierra. Eso despertó en mí un anhelo profundo por la vida que Jesús prometió a quienes lo siguen: una vida sin dolor, sin sufrimiento y sin muerte. 

Ansiaba el cielo con todas mis fuerzas. Cada día fijaba mi mirada en esa promesa solo para encontrar motivos para levantarme de la cama. Y entonces algo comenzó a suceder. 
Cuanto más me enfocaba en el cielo, más fuerzas encontraba para seguir adelante, a pesar del cansancio y la tristeza. Aunque seguían llegando las pruebas negativas, las lágrimas y las decepciones, mi esperanza en las promesas de la Biblia se hacía más fuerte que nunca. Comencé a creer realmente lo que leía, porque no tenía mejor opción. Podía creer que las palabras de Dios eran verdaderas… o dejar que la depresión y la ansiedad me consumieran por completo. Versículos como este me sostuvieron: 

“Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.” 
Santiago 1:2-4 (NVI) 

Y también este: 

“De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros.” 
Romanos 8:18 (NVI) 

Sé que algunos de ustedes están atravesando un dolor feroz, profundo y que parece no tener salida. Así que cuando leen algo que dice: “Considérense dichosos cuando enfrenten pruebas”, quizá eso les provoque más enojo que alegría. Lo entiendo. Yo también estuve ahí. Pero ¿y si esos versículos son realmente ciertos? ¿Qué tal si incluso los momentos más bajos de tu vida —un diagnóstico de cáncer, la infidelidad en tu matrimonio, la pérdida de un hijo— están siendo usados por Dios para perfeccionarte, fortalecerte y hacerte completo, sin que te falte nada? ¿Y si el dolor más profundo que sientes hoy será algún día reemplazado por un amor, una paz y un gozo indescriptibles? 

¿Te cuesta trabajo poner los pies en el suelo cada mañana? No estás solo. 
Aprendí que tenía que fijar mis ojos en la meta final y recordarme cada día que el cielo viene, y viene pronto. Tenía que hacerlo una y otra vez, todos los días. No fue una “solución rápida”, pero puedo asegurarte que al comparar constantemente este corto tiempo en la tierra —con todas sus espinas y valles tenebrosos— con los regalos que me esperan en la eternidad, un gozo inexplicable empezó a florecerse mi corazón. 
El miedo no me venció, y la ansiedad no me dominó. 

Déjame aclarar algo: el gozo del que hablo no siempre se parece a la felicidad como la entendemos normalmente. El gozo que viene de seguir a Jesús y mantener la mirada en el cielo no es el mismo que la cultura actual llama “alegría”. 
De hecho, me atrevo a decir que es mucho mejor y mucho más profundo. 

Nuestra cultura asocia el gozo con los placeres momentáneos o con circunstancias favorables: si tus relaciones están bien, si te gusta tu trabajo, si todo marcha sin problemas, entonces —según el mundo— tienes razones para estar alegre. 
Pero lo asombroso del gozo que Jesús da es que, aun cuando nada parece ir bien, con la ayuda de Dios puedes seguir cantando, amando y esperando. 

Los momentos más oscuros de mi vida también fueron tiempos de profundo gozo, porque me aferré desesperadamente a la esperanza del cielo. Esa esperanza fue mi línea de vida. 
Y mientras me aferraba a ella, mi cabeza permanecía sobre las aguas. La tormenta que parecía dispuesta a hundirme se fue calmando, y el sol brilló con más fuerza que nunca. No porque mis circunstancias hubieran cambiado, sino porque entendí que ni la tormenta más grande puede arrebatarme mi mayor tesoro: mi relación eterna con Jesús. 

Paradójicamente, cuando todo va bien en mi vida, este gozo profundo es más difícil de mantener, porque me siento tentada a basar mi felicidad en cosas temporales. Por eso, si quiero conservar este don en los buenos y malos momentos, tengo que elegir cada día mantener mis ojos puestos en la eternidad. 

Amigo, créeme: el gozo que viene de esperar en el cielo es mucho más grande que la felicidad pasajera que nace de los placeres momentáneos.